¿Por qué son importantes la dieta y el ejercicio para conseguir un embarazo?

Sabemos que tanto el sobrepeso o la obesidad, como otros trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia) se asocian con problemas médicos y psicológicos en general, y ginecológicos o reproductivos en particular.  En este capítulo intentaremos resolver algunas dudas comunes que surgen entre quienes “buscan un embarazo”

Una dieta equilibrada y un ejercicio físico de intensidad adecuada son beneficiosos para la salud en general y la ovulación en particular. Sin embargo, las dietas extremas (anorexia), el ejercicio físico intenso y la obesidad puede producir amenorrea en la mujer (falta de menstruación) por ausencia de ovulación.

La ovulación depende de la secreción pulsátil de una hormona del sistema nervioso central llamada GnRH (factor hipotalámico liberador de gonadotrofinas). Esta hormona se encuentra bajo la influencia de factores internos y externos. Dentro de los factores internos, otra estructura del mismo sistema nervioso central activa dicha hormona por medio de un “mensajero” (el neuropéptido Y), cuya secreción puede inhibirse cuando se produce una gran pérdida de peso en poco tiempo.

¿Qué alteraciones hormonales son frecuentes en el sobrepeso?

La distribución de la grasa corporal sigue un patrón característico según el sexo (dimorfismo sexual). En general, es típico que en los hombres la acumulación de tejido graso tenga un predominio central o abdominal (obesidad tipo androide). En la mujer, en cambio, la distribución es de tipo periférica o ginecoide, con una mayor acumulación de grasa en la región glúteo-femoral.

La obesidad podemos entenderla como una enfermedad crónica asociada a un mayor riesgo general para la salud. Debemos abandonar la concepción del tejido graso como un tejido inactivo., sino que se comporta como un auténtico órgano endocrino, con la secreción de múltiples hormonas que intervienen en la regulación de diferentes procesos metabólicos del organismo.

De forma breve y sencilla haremos una revisión sobre cómo influye un exceso de tejido adiposo en las distintas funciones hormonales:

  1.  Obesidad y leptina:

La leptina es una de las principales hormonas secretadas por el tejido adiposo, es el nexo de comunicación entre la grasa y el sistema reproductivo. Esta hormona ejerce su influencia en el ciclo menstrual, en el embarazo y en la lactancia, y se considera una de las primeras señales que dan comienzo a la pubertad. También interviene en la implantación y desarrollo embrionario temprano.

A nivel del sistema nervioso central, la leptina actúa sobre hipotálamo acelerando los pulsos de secreción de GnRH. Además, ejerce una acción directa sobre la glándula que libera las hormonas estimulantes del ovario (la hipófisis) Concentraciones elevadas de leptina en el ovario, como las que se pueden producir en la obesidad, pueden suprimir la producción de estrógenos e interferir en la ovulación. En concentraciones fisiológicas, parece antagonizar el efecto de los factores de crecimiento y hormonas como la insulina.

En consecuencia, una deficiencia de leptina (ocasionada por desórdenes alimentarios como la anorexia o bulimia, el exceso de ejercicio, etc.) provoca una disfunción de la secreción de GnRH. Del mismo modo, un exceso de leptina (como ocurre en la obesidad) provoca una inhibición de la función del ovario. En ambos casos se altera la ovulación y, con ella, la capacidad reproductiva de la mujer.

  1. Obesidad e insulina:

La obesidad, sobre todo la de tipo central, promueve la resistencia de los tejidos a la acción de la insulina (hormona fundamental en el control de la glucemia). Al no ejercer efecto, el organismo (en concreto el páncreas) incrementa su secreción: hiperinsulinismo.

Existen receptores para esta hormona en las células del ovario que, por diferentes mecanismos, favorecen la síntesis de andrógenos (“hormonas masculinas”). En consecuencia, se produce una alteración del proceso de ovulación. Además, la insulina influye en la función reproductiva por otras acciones: altera la secreción de las gonadotrofinas (LH y FHS), en hígado reduce la producción de la proteína transportadora de las hormonas sexuales y el hiperinsulinismo favorece un estado trombótico (exceso de coagulación) que puede ser causante de abortos de repetición.

  1. Obesidad y cortisol:

El cortisol es una de las hormonas más importantes en la especie humana, pues controla el metabolismo lipídico, proteico y glucídico, además del equilibrio hidroelectrolítico (fundamental para el control de la presión arterial).

En la obesidad, el tejido adiposo produce en mayor cantidad una enzima necesaria para la síntesis de cortisol (11β-hidroxilasa D1) que promueve la acumulación de tejido adiposo metabólicamente activo. De esta forma se produce un círculo vicioso entre la producción de cortisol y la obesidad.

  1. Obesidad y andrógenos:

La cantidad de tejido adiposo es inversamente proporcional a los niveles de testosterona plasmática (andrógeno). Además, el tejido adiposo expresa enzimas que transforman los andrógenos en estrógenos (“hormonas femeninas”). Este incremento de estrógenos explica que la obesidad se relacione con infertilidad y disfunción eréctil.

5.  Obesidad y hormona del crecimiento

La obesidad altera el ritmo de secreción de la hormona del crecimiento. Esto conlleva una reducción de las actividades fisiológicas de esta hormona.

 

¿Qué complicaciones a largo plazo se presentan con el sobrepeso?

Entre las múltiples complicaciones que conlleva se encuentran los trastornos reproductivos, que afectan tanto a los hombres como a las mujeres.

En los hombres se puede producir una feminización de los caracteres sexuales secundarios, lo que en términos médicos se conoce como ginecomastia (aumento de pecho). Ello ocurre por unas elevadas concentraciones de estrógenos (hiperestronismo) y una reducción de la concentración de testosterona, tal y como hemos explicado en el apartado anterior.

En las mujeres se producen alteraciones menstruales, con frecuencia amenorrea (falta de menstruación). También aquí el problema radica en una mayor conversión de andrógenos en estrógenos. Pero, además, estos niveles elevados de estrógenos pueden desencadenar un cáncer de útero postmenopáusico, ya que la función de los estrógenos sobre el útero es estimular su crecimiento, lo que ocurre de manera fisiológica en cada ciclo menstrual para albergar al posible huevo o cigoto si hubiera fecundación.

Además de los reproductivos, otros problemas son:

  • Enfermedades cardiovasculares. Se desarrolla hipertensión y aumenta la probabilidad de arteriosclerosis, debido a un aumento de los triglicéridos, VLDL y LDL (“colesterol malo”) y a una disminución del HDL (“colesterol bueno”). El ratio cintura/cadera es el mejor predictor de estos riesgos.
  • Resistencia a la insulina, hiperinsulinemia y diabetes mellitus tipo II.
  • Enfermedades hepatobiliares. Se produce la denominada enfermedad de hígado graso no alcohólica, por la acumulación de triglicéridos en los hepatocitos. Esta enfermedad debuta en muchas ocasiones como esteatosis hepática simple, y puede evolucionar a formas más graves: esteatohepatitis (inflamación), cirrosis y carcinoma hepatocelular. Aparte, se pueden producir cálculos biliares de colesterol, cuya formación se ve favorecida por las dietas extremas (siempre se ha de tener cuidado a la hora de perder peso y hacer del ejercicio una de las herramientas principales para ello).
  • Trastornos respiratorios, como disnea (dificultad para respirar) o apnea obstructiva del sueño.
  • Cáncer.
  • Enfermedades dermatológicas.
  • Patologías osteoarticulares, principalmente artrosis, que consiste en una disminución del cartílago que recubre los huesos, con una reducción del espacio de la articulación, que puede llegar a anquilosarse (“fusión” con pérdida completa de la movilidad). Es más acentuada en rodillas y caderas.
  • Alteraciones psicológicas (trastornos de la imagen corporal, disminución de la autoestima…).

¿Qué tipo de ejercicio es recomendable en quien nunca lo ha hecho?

La práctica de ejercicio físico comienza por la adquisición de unos hábitos de vida saludables, aumentando la actividad física diaria (ir andando al trabajo, a hacer la compra, subir por las escaleras…). También es recomendable la práctica de un ejercicio físico de intensidad mayor: natación, pilates, baile, ciclo indoor, etc. Una actividad emergente en la actualidad es el “entrenamiento funcional”, que consiste en la realización de una serie de ejercicio que imitan movimientos de la vida diaria dirigidos según las necesidades de cada persona (aunque también es practicado por deportistas mediante la realización de ejercicios más técnicos e intensos).

El ejercicio físico es fundamental para preservar la salud y retrasar el inevitable proceso de envejecimiento celular. Uno de los principales mecanismos es la reducción de la obesidad, pero no es el único, ya que se ha observado que incluso personas con buena forma física, aunque no tengan una gran pérdida de peso, tienen menos riesgo de padecer numerosas enfermedades y prolongan su vida. De hecho, según diversos estudios, el único “método” que ha demostrado alargar la vida es la práctica adecuada de ejercicio junto a una dieta hipocalórica. Además, el consumo máximo de oxígeno (es decir, la capacidad de una persona para consumir oxígeno ante un esfuerzo físico) es el parámetro que mejor predice la morbi-mortalidad por cualquier causa, sobre todo por enfermedades cardiovasculares.

Entre los numerosos beneficios, el ejercicio reduce la incidencia de dicha enfermedad cardiovascular (disminuye el colesterol y el LDL, aumenta el HDL y mantiene la presión arterial en niveles óptimos), mejora la función respiratoria, disminuye la resistencia a la insulina y la diabetes mellitus tipo II, disminuye la osteoporosis (ya que aumenta la densidad mineral ósea) e incluso disminuye la incidencia de varios tipos de cáncer.

¿Puedo quedarme embarazada si he tenido sobrepeso?

Si la ovulación es normal, en ausencia de otras patologías que afecten a la fertilidad, una mujer con sobrepeso o que lo haya padecido anteriormente puede quedarse embarazada. No obstante, como ya hemos explicado, el sobrepeso ocasiona desequilibrios hormonales que interfieren con la ovulación y afectan al ciclo menstrual, por lo que la concepción es más difícil.

Por ejemplo, el sobrepeso está estrechamente relacionado con un síndrome cada vez más frecuente en nuestra sociedad: el ovario poliquístico. Este síndrome se asocia a una resistencia a la insulina con el correspondiente hiperinsulinismo. El exceso de insulina incrementa la producción de andrógenos ováricos  (“hormonas masculinas”) y esto dificulta la ovulación.

Por otro lado, el sobrepeso se ha relacionado con el desarrollo de diferentes problemas y factores de riesgo durante el embarazo: hipertensión gestacional, preeclampsia (aumento de la tensión arterial con aparición de proteínas en orina) y eclampsia (convulsiones e incluso coma al final del embarazo o el puerperio), diabetes gestacional, mayor riesgo de cesárea, parto más prolongado, un bebé más grande de lo normal, etc.

Últimamente se habla de la relación entre los estímulos nocivos que recibe el feto con el posterior desarrollo de determinadas enfermedades en el adulto. Las consecuencias metabólicas de la obesidad, como un ambiente intrauterino androgénico, pueden provocar una “reprogramación” genética y predisponer a alteraciones metabólicas futuras como la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. Es lo que se conoce en Epigenética como reprogramación fetal intrauterina, esto es, sin que los progenitores transmitan una herencia genética concreta que predisponga a esas enfermedades, en el feto se crean unas condiciones nuevas que sí lo predisponen (y probablemente a sus descendientes) a padecerlas.