Introducción

La reproducción es un fenómeno inherente al ser vivo que requiere de la integridad anatómica y funcional de todas las estructuras encargadas de la formación y encuentro de los gametos (óvulos y espermatozoides).

En el ser humano, sobre todo en la mujer, existen unas marcadas distinciones que nos diferencian del resto de los mamíferos.

La principal hace referencia al ciclo ovárico, a sus productos hormonales y a las relaciones con otras glándulas endocrinas.

¿Qué son, dónde se producen y para qué sirven las hormonas ováricas?

Las hormonas sexuales proceden de la acción de un grupo de enzimas especializadas sobre  el colesterol, por eso también se llaman hormonas esteroideas. Aunque alguna puede sintetizarse en otros órganos o tejidos humanos, la mayor parte de ellas procede del ovario, en concreto de unas estructuras vesiculares llamadas folículos, donde también crece y madura el óvulo.

Las principales hormonas ováricas son los estrógenos, formados a partir de las hormonas masculinas (andrógenos), que también produce el ovario, en un proceso llamado aromatización.

Este es un fenómeno de selección natural fundamental en la reproducción humana en el que los folículos que son capaces de transformar los andrógenos a estrógenos serán candidatos a desarrollar óvulos. El resto se perderá por un mecanismo celular de muerte genéticamente programada que se activa cuando hay exceso de andrógenos.

Los estrógenos, por otra parte, son los grandes protagonistas del ciclo ovárico, ejerciendo su control, tanto a nivel endocrino, o sea, sobre otros órganos, como a corta distancia sobre otras células del mismo folículo. Una de sus acciones endocrinas más importantes será sobre el útero, creando las bases necesarias para que, en caso de existir fecundación del óvulo, el embrión resultante pueda implantarse en él.

Pero además de las acciones sexuales de los estrógenos, existen otras no menos valiosas a niveles más lejanos como los vasos sanguíneos, el cerebro o los huesos que permiten que todos estos órganos o tejidos sean capaces de adaptarse a las condiciones de un embarazo y se mantengan sanos.

Por último, una vez ocurrida la ovulación, el folículo altera el patrón de síntesis hormonal y librea progesterona, la principal protagonista de que el útero adquiera la facultad de mantener un embarazo.

¿En qué consiste el ciclo ovárico?

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¿Qué es el ciclo endometrial?

Los cambios cíclicos del endometrio (la mucosa del útero) son secundarios a los acontecimientos del folículo ovárico y, por tanto integrantes de los que genéricamente se conoce como ciclo menstrual.

En el endometrio, la respuesta a la producción de estrógenos del ovario se caracteriza por la proliferación de todos sus componentes tisulares. Tras la ovulación, y por acción de la progesterona, ocurren unos cambios en ellos que lo hacen óptimo para la implantación y desarrollo embrionario.

En caso de no producirse la gestación, cesa la secreción hormonal y el endometrio adelgaza, se vuelve isquémico, con microhemorragias y progresivas necrosis que desembocan en la descamación de sus capas superficiales. El final es la menstruación.

¿Qué otros órganos influyen sobre el ciclo ovárico?

Los principales reguladores del ciclo ovárico son unas hormonas producidas en el cerebro, que por “tonificar” las gónadas femeninas (los ovarios) se llaman gonadotropinas. Las más importantes son la hormona estimulante de los folículos (FSH) y la hormona que permite la ovulación (LH).

Durante mucho tiempo, a la conjunción de todas las señales entre ovarios y cerebro (hipotálamo e hipófisis) se le llamó eje hipotálamo-gonadal, y parecía que era esta parte del cerebro la encargada de coordinar el ciclo reproductivo en la mujer. Sin embargo, los últimos descubrimientos en este campo hablan a favor del ovario como la estructura que realmente coordina la fertilidad femenina

Pero sobre la ovulación participan casi todos los tejidos del organismo con función hormonal. En otras palabras, la ovulación necesita de un engranaje endocrinológico perfecto, y la merma en cualquiera de sus eslabones puede provocar una anovulación (falta de ovulación) y la amenorrea (falta de la regla).

Particularmente existe un interés creciente en la relación entre la insulina y el ovario. A grandes rasgos, la insulina ejerce una acción favorecedora de la síntesis ovárica de andrógenos y, en consecuencia, evita el desarrollo folicular adecuado y su fin último: la ovulación.